miércoles, 24 de julio de 2013

Diez

Casi se cumplía un mes de que Pepe se había ido de nuevo cuando Lucas  dejó los mensajes y llamó por teléfono, el sábado por la noche

Miré mi reloj al leer su nombre en el identificador de llamadas.

Faltaba poco para las diez de la noche, mamá tenia guardia y papá estaba viendo televisión en la sala.

Contesté al tercer timbrazo metiéndome entre las sabanas de mi cama.

-Hola-, saludé

-¿Estabas dormida?-, preguntó ante mi voz desganada y sonreí negando.

-No, aunque espero estarlo en unos minutos más-, le dije

-Está bien, no te voy a molestar tanto rato, solo quería saber si… ¿queres salir mañana?- preguntó mientras yo cerraba los ojos.
-No tengo ganas de salir Lu-, le digo de nuevo, como cada vez que él o Tiago tratan de distraerme.

-Bueno, no salgas, vamos a ir a tu casa y hablaremos con vos en el porche-, propuso mientras yo sonreia.

-¿vamos?-, pregunté solo por malestar y Lucas se rió.

-Sip, vamos-, confirmó mientras yo centraba mi mirada en los formularios de inscripción de la universidad local.

Cerré los ojos sintiendo la misma sensación fría cada vez que los veía, siempre había pensado que entraría en la misma universidad que Lucas, pero ahora también lo estaba dejando de lado, sin poderme sacar la idea que comenzaba a crecer en mi cabeza.

-Quizás pueda recibirlos-, dije con coz remilgada y Lucas volvió a reír.

-Gracias por la audiencia, su majestad-, se despidió colgando la llamada y haciendome dormir un poco mejor por esa noche. 

Al día siguiente pude comer con mis padres antes de que papá saliera a su turno, ambos me preguntaron sobre la universidad pero di alguna explicación vaga sobre los registros y pasé a otro tema.

Por la tarde después de haber lavado los platos, Lucas y Santiago llamaron a la puerta, los dos se veían bien, sus ojos parecían felices de verme, pero estaban cautelosos, me saludaron como si me pudiera romper.

Nos sentamos en el porche, conmigo en medio, lo que me hizo sonreír, después de algunos comentarios sin sentido, Tiago comenzó el interrogatorio.

-¿Cómo estás?-, murmuró y me tomé un tiempo en responder, en encontrar las palabras adecuadas para dar una buena repuesta,

-Lo extraño…mucho-, admití mientras el asentía.

-Deberías ir a buscarlo-, dijo Lucas al otro lado, mi corazón salto al oír en voz alta lo que llevaba pensando desde hacía muchos días.

-¿Y despues qué?, no sé si voy a ser capaz de ver como se aleja de mi de nuevo-, dije mirando hacia la calle. Temerosa de llorar frente a ellos y que creyeran que podría estar inestable.

Ya no quería llorar, no solucionaba nada, quería la fuerza para ir a buscar a Pepe, quería una esperanza de poder convencerlo que amar no siempre significaba perdida y dolor.

-Sabes que él te quiere, ¿verdad?-, oí preguntar a Santi mientras yo asentía con un movimiento ligero.

-Y yo lo quiero, pero parece que eso no es suficiente-, dije en voz baja.

-Claro que no lo es-, dijo seguro mientras yo miraba molesta.

-No funciona así Paula, ¿te acordas la película que nos hiciste ver cuando cumpliste trece?, el problema principal era que los protagonistas no sabían si se correspondían, la vida real es más complicada, que ames y te amen es solo la punta del iceberg, la convivencia, la confianza, el trabajar en los miedos de cada uno, esa es la verdadera trama. Tenes que luchar con Pedro, junto a él, incluso contra él. Se quieren, el primer paso ya está dado-, terminó sonriendo al final mientras yo comenzaba a reír sin poder detenerme, me había pasado semanas buscando algo que me hiciera saber qué hacer, que pudiera en palabras ese sentimiento de necesidad, ese sentimiento que no todo estaba perdido. Santiago seguía siendo mi Yoda personal.

-¿Cómo es que siempre sabes que decir?-, le pregunté a Santi mientras el entrecerraba los ojos hacia su pareja.

-Yo no le anotaría este consejo, se parece mucho a las palabras que mamá nos dijo ayer cuando salimos a cenar y le contamos sobre nosotros-, replicó mientras yo volvía a reír como hace semanas no lo hacía.
Reír por una felicidad que estaba dispuesta a alcanzarla con mis manos, lo intentaría tantas veces como fuera necesario.


Fue mucho más fácil decidir ir atras  de Pedro que hacerlo, prácticamente todas las universidades estaban cerrando inscripciones, sin una carrera clara que estudiar debía esperar un semestre y tomar unas clases de preparación en la universidad de Pepe si quería aplicar para el siguiente periodo.

Contarles el plan a mis padres no les hizo ninguna gracia, primero, no esperaban que quisiera estudiar en otro estado y segundo, tuve que contarles todos los motivos y Pedro era el principal. Me dijeron que viera todas las opciones pero al final me dieron mi primer regalo, el paso hacia la vida adulta: yo tomaría la decisión y viviría con las consecuencias.

Incluso considerando la posibilidad de que Pedro y yo no pudiéramos estar juntos, que no lográramos luchar contra sus miedos, mi decisión seguía siendo la misma.

Necesitaba luchar por él.

 Ahora podía luchar por él.


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Ay! Anteultimo cap!
Espero que les guste!
Gracias por la buena onda!
Mañana subo el final! 
Besos!

4 comentarios:

  1. Cómo que terminás esta novela???? En un cap va a pasar todo?? Espero el siguiente

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    1. Avise que eran 11 capítulos nada más! Gracias por leer! :)

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  2. buenísimo,esperando el siguiente capítulo!!!

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