jueves, 25 de julio de 2013

Once (Final)

Cuando se fue a la universidad después del instituto no alcancé a entender su miedo a perder aquello que amaba. Cuando regresó, hace solo unas semanas, lo lastime, siendo inmadura, mintiendo, admitiendo mis sentimientos pero sin saber qué hacer con ellos.

La próxima vez que lo viera le diría cuanto lo amaba, las veces que fuera necesario y me quedaría con el hasta que no lo dudara.

Sin mentiras, ni engaños, ni presiones.

Una semana después hice el viaje hacia él, un taxi me llevó a la universidad, con mi estómago hecho nudos y las manos transpirada. Pedí instrucciones sobre cómo llegar los dormitorios con miradas de todo tipo.
Había decenas de estudiantes a los alrededores y no dejaba de sentirme como una estudiante en pañales a lado de universitarios.

Llegué al edificio que Lucas había indicado y comencé a subir hasta el piso indicado. Escuché varias bromas y dos invitaciones que me hicieron soltar una risa tonta antes de por fin estar frente al dormitorio de Pepe.

Me pasé una mano por mi cabello que ya comenzaba a rozar mis hombros, debía estar más alborotado de lo normal, me miré desde las botas que cubrían mi pantalón hasta la blusa de manga larga.

Toqué dos veces respirando hondo, cerrando los ojos y sintiendo la necesidad de verlo prácticamente volverme loca.
Un rubio con hermosos ojos azules me miró intrigado al abrir la puerta.

Toda la expectación disminuyó en un segundo.

-¿Hola?-, dijo a modo de saludo.

-Hola, estoy…estoy buscando a Pedro, ¿vive aca?-, pregunté temiendo haberme equivocado, o que Lucas no estuviera actualizado en los datos.

-Sí, él vive aca, pero ahora no está, ¿gustas pasar y esperarlo?-, preguntó el rubio amablemente.

Asentí y pasé hacia el dormitorio, el señaló la cama de la derecha en el fondo, supuse que esa era la de Pedro.

-Sentate-, ofreció mientras me miraba curioso, me sentía intimidada y comenzaba a pensar que debía haberlo esperado afuera, aunque extrañamente no me sentía en peligro.

Se sentó en la silla del único escritorio del dormitorio, eché un vistazo a las cosas de Pepe, había varios libros apilados en un extremo de la cama y una maleta a los pies de la misma, fruncí el ceño y el rubio siguió mi mirada antes de nuestros ojos se encontraran de nuevo.

Era incómodo.

-Lo siento-, suspiró mientras me tendía la mano.

-Soy Nahuel, no quería ser grosero simplemente estoy tratando de intuir si vos tendrás algo que ver con el hecho que hasta hace unos días Pepe parecia un muerto viviente, luego anunció que se iba y…

-¿Qué?-, lo interrumpí sin saber si había oído bien.
El rubio sonrió satisfecho y algo más relajado.

-Entonces si sabes, el por qué… o quizás sos el por qué, no pareces de aca…todavía-, admitió mientras yo hacía una mueca.

-No quiero que él lo deje todo, se lo importante que es para el-, le dije sincera y él sonrió asintiendo con la cabeza y levantándose de la silla.

-Me alegra, estoy seguro que a Cinthia le encantara oír esto, voy a buscarla-, murmuró pero era como si estuviera contento por poder tener una información que ella no tenía.

Ella

-¿Cinthia?, pregunté sin poder detenerme

-Sí, mi novia-, contestó mientras tomaba una chaqueta.

¿Novia?

Él se despidió antes de que pudiera siquiera ordenar mis pensamientos.

Miré de nuevo los libros en la cama de Pedro, la posibilidad de que el pudiera pensar en dejarlo todo, de regresar…de que el me necesitara tanto como yo lo hacía, de que no tuviera que luchar contra el sino que lo hiciéramos juntos.

Perdí la cuenta de la cantidad de minutos que permanecí ahí, tratando de decidir si podría tener esperanzas o no.
La puerta se abrió y Pedro pronunció mi nombre en voz baja haciéndome girar el rostro para mirarlo.

Estaba despeinado y llevaba varias cajas de cartón sin armar en las manos.

-Pepe no podes irte, no podes dejar tu carrera, vas a ser exitoso y…-, apenas había comenzado con mi discurso levantándome de la cama cuando el dejó las cajas en el suelo y acortó toda la distancia abrazándome y enterrando el rostro en mi cabello antes de buscar mis labios.

Le respondí el beso con la necesidad pulsando en mi piel, me colgué de él y le pedí más mientras lo seguía besando y el me sostenía contra su cuerpo, cada intima parte contra la suya.

-Estas aca, estas aca-, repitió contra mis labios y yo asentí, sonriéndole.

-Lo voy a estar hasta el final-, le respondí mientras él me miraba guardando cierta distancia.

-Creí que iba a poder alejarme de nuevo, pero no puedo, no de vos, ya no puedo- admitió mientras me abrazaba. -Te quiero-, murmuró a mi oído y yo lo besé en respuesta.

-No necesitas dejar todo aca-, comencé mientras el negaba.

-Ya no quiero alejarme más, no quiero estar solo-, murmuró contra mis labios con la frente pegada a la mía. Su voz estaba cada vez más ronca, lo abracé sin querer separarme  jamás de él.

-No vas a estar solo y no voy  a dejar que te alejes más, pero tampoco voy a dejar que te apartes de tus objetivos, ser independiente no es malo, estoy segura que vas  a llegar a ser exitoso en lo que te propongas y voy a  estar ahí a tu lado, no voy a  dejar que olvides tampoco a tu familia, ellos también desean estar ahí-, terminé mientras él tomaba mi rostro entre sus manos sonriendo.

-Solo vos podes hacerlo, solamente vos-, murmuró antes de besarme lenta y apasionadamente, jugó con mis sentidos y me dejó saborearlo, nuestras lenguas se tentaron mientras caminábamos hacia su cama, al caer sobre el colchón los libros se cayeron haciéndonos reír.

-Un día voy  a dejar de tirar cosas para tenerte en mi cama-, aseguró con una mirada llena de promesas y luego me abrazó para recostarnos juntos.

Nos quedamos horas así – o quizás solo unos minutos-, abrazados disfrutando de la cercanía del otro.

-¿Cómo es que Cinthia es novia de tu compañero de habitación?-, pregunté por mera curiosidad y él se rió en mi oído.

-Es una larga historia-, murmuró mientras besaba mi nuca.

-No voy a ir  a ningún lado-, aseguré mientras él me abrazaba.

-Lo sé, ratón, ahora lo sé.


-Fin.


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Y bueno, aca el final!
Espero que les haya gustado!
Muchisimas gracias a todas por el apoyo a la historia! Y por la buena onda, son lo mas!
Hasta pronto!!!!

-Y muchisimas gracias a Edu por dejarme subir esta historia! :)




miércoles, 24 de julio de 2013

Diez

Casi se cumplía un mes de que Pepe se había ido de nuevo cuando Lucas  dejó los mensajes y llamó por teléfono, el sábado por la noche

Miré mi reloj al leer su nombre en el identificador de llamadas.

Faltaba poco para las diez de la noche, mamá tenia guardia y papá estaba viendo televisión en la sala.

Contesté al tercer timbrazo metiéndome entre las sabanas de mi cama.

-Hola-, saludé

-¿Estabas dormida?-, preguntó ante mi voz desganada y sonreí negando.

-No, aunque espero estarlo en unos minutos más-, le dije

-Está bien, no te voy a molestar tanto rato, solo quería saber si… ¿queres salir mañana?- preguntó mientras yo cerraba los ojos.
-No tengo ganas de salir Lu-, le digo de nuevo, como cada vez que él o Tiago tratan de distraerme.

-Bueno, no salgas, vamos a ir a tu casa y hablaremos con vos en el porche-, propuso mientras yo sonreia.

-¿vamos?-, pregunté solo por malestar y Lucas se rió.

-Sip, vamos-, confirmó mientras yo centraba mi mirada en los formularios de inscripción de la universidad local.

Cerré los ojos sintiendo la misma sensación fría cada vez que los veía, siempre había pensado que entraría en la misma universidad que Lucas, pero ahora también lo estaba dejando de lado, sin poderme sacar la idea que comenzaba a crecer en mi cabeza.

-Quizás pueda recibirlos-, dije con coz remilgada y Lucas volvió a reír.

-Gracias por la audiencia, su majestad-, se despidió colgando la llamada y haciendome dormir un poco mejor por esa noche. 

Al día siguiente pude comer con mis padres antes de que papá saliera a su turno, ambos me preguntaron sobre la universidad pero di alguna explicación vaga sobre los registros y pasé a otro tema.

Por la tarde después de haber lavado los platos, Lucas y Santiago llamaron a la puerta, los dos se veían bien, sus ojos parecían felices de verme, pero estaban cautelosos, me saludaron como si me pudiera romper.

Nos sentamos en el porche, conmigo en medio, lo que me hizo sonreír, después de algunos comentarios sin sentido, Tiago comenzó el interrogatorio.

-¿Cómo estás?-, murmuró y me tomé un tiempo en responder, en encontrar las palabras adecuadas para dar una buena repuesta,

-Lo extraño…mucho-, admití mientras el asentía.

-Deberías ir a buscarlo-, dijo Lucas al otro lado, mi corazón salto al oír en voz alta lo que llevaba pensando desde hacía muchos días.

-¿Y despues qué?, no sé si voy a ser capaz de ver como se aleja de mi de nuevo-, dije mirando hacia la calle. Temerosa de llorar frente a ellos y que creyeran que podría estar inestable.

Ya no quería llorar, no solucionaba nada, quería la fuerza para ir a buscar a Pepe, quería una esperanza de poder convencerlo que amar no siempre significaba perdida y dolor.

-Sabes que él te quiere, ¿verdad?-, oí preguntar a Santi mientras yo asentía con un movimiento ligero.

-Y yo lo quiero, pero parece que eso no es suficiente-, dije en voz baja.

-Claro que no lo es-, dijo seguro mientras yo miraba molesta.

-No funciona así Paula, ¿te acordas la película que nos hiciste ver cuando cumpliste trece?, el problema principal era que los protagonistas no sabían si se correspondían, la vida real es más complicada, que ames y te amen es solo la punta del iceberg, la convivencia, la confianza, el trabajar en los miedos de cada uno, esa es la verdadera trama. Tenes que luchar con Pedro, junto a él, incluso contra él. Se quieren, el primer paso ya está dado-, terminó sonriendo al final mientras yo comenzaba a reír sin poder detenerme, me había pasado semanas buscando algo que me hiciera saber qué hacer, que pudiera en palabras ese sentimiento de necesidad, ese sentimiento que no todo estaba perdido. Santiago seguía siendo mi Yoda personal.

-¿Cómo es que siempre sabes que decir?-, le pregunté a Santi mientras el entrecerraba los ojos hacia su pareja.

-Yo no le anotaría este consejo, se parece mucho a las palabras que mamá nos dijo ayer cuando salimos a cenar y le contamos sobre nosotros-, replicó mientras yo volvía a reír como hace semanas no lo hacía.
Reír por una felicidad que estaba dispuesta a alcanzarla con mis manos, lo intentaría tantas veces como fuera necesario.


Fue mucho más fácil decidir ir atras  de Pedro que hacerlo, prácticamente todas las universidades estaban cerrando inscripciones, sin una carrera clara que estudiar debía esperar un semestre y tomar unas clases de preparación en la universidad de Pepe si quería aplicar para el siguiente periodo.

Contarles el plan a mis padres no les hizo ninguna gracia, primero, no esperaban que quisiera estudiar en otro estado y segundo, tuve que contarles todos los motivos y Pedro era el principal. Me dijeron que viera todas las opciones pero al final me dieron mi primer regalo, el paso hacia la vida adulta: yo tomaría la decisión y viviría con las consecuencias.

Incluso considerando la posibilidad de que Pedro y yo no pudiéramos estar juntos, que no lográramos luchar contra sus miedos, mi decisión seguía siendo la misma.

Necesitaba luchar por él.

 Ahora podía luchar por él.


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Ay! Anteultimo cap!
Espero que les guste!
Gracias por la buena onda!
Mañana subo el final! 
Besos!

martes, 23 de julio de 2013

Nueve

Mis manos se sujetaron a sus hombros y rodearon su cuello mientras las suyas delineaban mi cintura antes de acercarme a él. Jadeamos al abrir la boca y saborear al otro, gemí cuando mis labios hormiguearon ante el continuo movimiento de su boca, murmuró mi nombre y siguió bajando sus labios delineando mi cuello mientras me acercaba más y más, me sujeté a él mientras me alzaba para tenderme sobre la cama.

Fugazmente mi mente captó el movimiento de su valija al caer y toda su ropa sobre el suelo.
Después lo único de lo que fui consiente fue de su cuerpo sobre el mío, su boca regresando de mi garganta a mi boca, lo abracé más fuerte besándolo con la misma fuerza que él lo hacía.

Mis manos vagaron por su espalda sin saber muy bien donde sujetarse, encontré la orilla de su remera y metí dentro mis manos, el primer contacto con su piel me lleno de calor, mis palmas se hundieron en su textura mientras el repetía mi nombre en sus labios.

-Paula-, susurro besándome de nuevo mientras una de sus manos delineaba mi pecho izquierdo, la sensación de su palma rodeándolo fue indescriptible, calor y frio entremezclados, deseo, necesidad e incertidumbre, también dije su nombre y él bajó de nuevo su boca hasta llegar a mi clavícula, un poco más, besando el pequeño tramo de piel que habían dejado los dos botones de mi blusa que se habían desabrochado.

Mis manos siguieron recorriendo su espalda mientras abría mis piernas para darle más espacio, para estar más juntos, mi vientre acunó su entrepierna, sentir el deseo tangible de él sobre mí por completo, me hizo gemir sin pensarlo, estremecer y tensarme todo al mismo tiempo. Por reflejo alcé un poco mis caderas y él dijo mi nombre de nuevo, pero sonó como una maldición mientras buscaba mi boca de nuevo.

-Te quiero-, dije entre sus labios y el comenzó a sonreír por un momento, solo un momento antes de que el comprendiera las palabras. 

Aunque no se separó todo su cuerpo se tensó, dejó de acariciarme con sus manos, quedándose perfectamente inmóvil, su boca se acercó de nuevo y pensé que me iba a besar, mis manos así lo deseaban, atrayéndolo hacia mí, pero el simplemente dejó su frente contra la mía.

Respiró hondo y negó con la cabeza.

-No puedo hacer esto-, dijo aunque pareció que hablara consigo mismo, después levantó la cabeza y se separó repitiendo las palabras. -No puedo hacer esto-, se levantó de la cama y me dejó tumbada sobre ella, tardé un momento en sentirme cohibida por la posición y rechazada por el cambio abrupto de sus acciones.

-Pedro, yo…

-Voy  a volver a la universidad, nada va a cambiar eso-, dijo sin mirarme comenzó a juntar la ropa que se había salido de la valija abierta, sabía que esas palabras eran para alejarme, herían en lo más hondo.

Me levanté de la cama y lo miré juntar, tenía ganas de gritarle y de llorar, de abrazarlo y secuestrarlo para que no se alejara de mí, de besarlo de nuevo y volver a decirle te quiero, todo al mismo tiempo.

-¿Es tan importante para vos ser alguien “importante”?-, pregunté con rabia y tristeza mientras él me miraba con dolor.

-Sí, es importante para mí, no volver a depender de nadie, nunca más

-Pedro, yo no quiero que dependas de mí, quiero que me ames-, le dije con la última palabra destruida por un sollozo.

-Si…si me quedo aca, si me quedo y estuviera con vos, si hiciera el amor con vos, si aceptara lo que me ofreces, no solo ahora, sino lo que me ofreciste siempre, solo estaría tomando más de esta familia, solo… el primo huérfano recibiendo el mejor regalo de todos, que vos lo ames, ¿y si lo acepto?, te tendría para luego sufrir si te pierdo…no quiero volver a perderlo todo…-, murmuró mientras yo negaba con la cabeza, las lágrimas bajando libres por mis mejillas.

Pedro caminó hacia mí y sus dedos limpiaron un lado de mi rostro, después dejo de tocarme, su mirada me decía que el haría todo lo posible por no volver a tocarme nunca.

-Pepe-, llamé de nuevo pero el negó.

-Estoy enamorado de vos, lo estuve siempre, desde que solo eras una nena y me odiaba porque quería que crecieras, te quiero, pero voy a estar solo, no soportaría perderte-, murmuró con una lagrima deslizándose por su rostro.

Un hombre si puede llorar así

Salir de su habitación y de la casa de tía Clara fue un borrón en mi mente, una necesidad de mi cuerpo de alejarse del dolor.

Lucas me detuvo a mitad de la calle, apenas regresando, me abrazó mientras lloraba y me acompañó a casa sin decir nada, sin preguntar nada.

Mamá había llegado a casa pero en excuse alegando dolor de cabeza, mintiendo sobre ya haber cenado y me encerré en mi habitación.

Me recosté en mi cama y lloré en silencio sin poder olvidar la más amarga de todas las declaraciones. 

Pedro se fue al día siguiente, eso fue lo que me dijo Lucas en su mensaje, tía Clara parecía sorprendida (ya que él había planeado quedarse tres semanas) y un poco molesta por ello, pero lo había dejado ir como la primera vez, prometiéndole que lo visitaría en unos meses.

No había contestado el mensaje, ni había ido a la casa de Tía Clara, pasados varios días mis padres trataron de usar el mismo argumento de “no estar sola” . Por primera vez les contesté a ellos que ya no era una nena, estaba a punto de cumplir dieciocho, a días de graduarme, era capaz de estar sola en mi casa.

Se sorprendieron pero parecieron tomarlo mejor de lo que me hubiera imaginado, Lucas me mandó otro mensaje una semana después de que Pedro se fuera, decía que tía Clara me extrañaba, que ella sabía que no era una nena pero que siempre podía ir y hacerle compañía a una vieja como ella, su segundo mensaje dejaba las bromas y me preguntaba como estaba, me decía que quería verme, que él y Santi estaban preocupados, tuve que contestarle para decirle que necesitaba tiempo, que necesitaba pensar las cosas, solo yo sabía lo que había pasado con Pedro en su habitación.

Los primeros días fueron los más horribles que podía recordar en mi vida, me dolía su rechazo, me entristecía lo dolido que aún seguía por haber perdido a sus padres, su miedo a perder a alguien más, me daba rabia que se haya alejado de nuevo, pero sobre todo lo extrañaba más que nunca, ahora no era solo un amor imposible, un amigo que se había ido para estudiar afuera, después de todo lo que había pasado, necesitaba a Pedro.

Mi corazón, mi alma y mi cuerpo lo necesitaban y quizás lo necesitaría siempre, estaba herida, mi corazón se había quebrado esa noche, pero aún seguía latiendo por él.
Aunque seguía sin saber qué hacer.


Lucas siguió enviando mensajes, saludando o comentando algo gracioso, comencé a contestar algunos y Santiago se unió a los menajes, fue la única comunicación que tuve con ellos por casi tres semanas.

Me gradué de la escuela con una alta calificación en los exámenes finales ya que era lo único que hacía a solas por las tardes era céntrarme en los libros, estudiar y alejar mi mente de él por unas horas.

Falte al baile de graduación, para disgusto de mamá y las tías. Expliqué una y otra vez que no tenía pareja y que estaba cansada por haber estudiado tanto.

La razón más importante era que el único chico con el cual me interesaba bailar hacia mucho había tenido su baile de graduación.
Espero que les guste el cap! 
Gracias por todos sus comentarios!
Hasta mañana!

domingo, 21 de julio de 2013

Ocho

-Ellos se besaban-, dijo aun furioso, escupiendo las palabras, tarde un poco más en entenderlas pero un momento después cerré los ojos y supe lo doloroso que debió haber sido para Tiago y Lucas que Pedro se diera cuenta así de su relación.

Yo lo sabía, aunque ninguno hubiera hablado realmente de eso conmigo, no era que fueran pareja, era más complicado que eso, aunque Tiago había salido, Lucas todavía no, para mí, él tenía miedo de lo que pudiera significar decirle a tía Clara que estaba enamorado del hijo de una de sus mejores amigas. 

Los tres sabíamos que era un tema no hablado pero comprendido, yo los quería y los apoyaría el día que por fin dejaran que todos vieran el amor que se tenían.

-¿Me escuchaste?-, preguntó Pedro acercándose y yo parpadeé para alejar las lágrimas, todo era culpa mía, Pedro pensaba lo peor de ellos por mí.

-¿Por qué regresaste?, ¿Por qué te interesa?, de todas formas te vas a ir, ¿no?-, le dije limpiándome la mejilla mientras me giraba para regresar a casa, me alejé con el corazón pareciendo a cada paso más pesado.

Lucas me acompañó pero no entró, me abrazó en el porche y medio sonrió.

-No te preocupes-, murmuró y yo negué.

-¿Y si le dice a tía Clara?-, susurré mientras Lucas se encogía de hombros.

-No lo va a hacer, estoy seguro, Pepe no es así, está furioso pero no se va a involucrar en mi relación con mamá-, explicó Lucas mientras yo lo miraba confusa.

-Me lo dijo a mí-, dije como si fuera necesario dejarlo claro

-Pero es que eso es lo que le importa, el gran problema, ¿no lo ves?, Pedro no está molesto porque yo sea gay o por que bese a Tiago, está molesto porque pensó que alguien estaba jugando con vos, que alguien podía hacerte daño-, terminó mientras yo sonreía sin humor.

-Irónicamente la única persona que puede hacerme daño es el.

-Lo sé-, susurró Lucas antes de alejarse.

La casa estaba oscura, no debería sorprenderme, siempre me saludaba el silencio y el juego de luces y sombras al entrar, pero esta vez con los ojos ardiéndome, el pecho hundido y las manos frías, parecía ser que la oscuridad del recibidor podía engullirme, me abrace a mí misma mientras subía las escaleras y llegaba prácticamente corriendo a mi habitación, las lágrimas corrían por mis mejillas y las limpié con fuerza antes de mirarme en el espejo del tocador.

El dolor parecía estar engulléndome, pero tarde un momento en saber el por qué, en reconocer la mirada que me devolvía la imagen.

Era la misma que tenía Pepe antes de dejarlo parado en el parque.

Me había dolido que le dijera todas esas cosas a Santiago, me había dolido su forma de mirar a Lucas, pero yo era la que lo había herido a él, al final él estaba tratando de “defenderme”, y yo le había dado la espalda. Pedro no sabía la verdad y de pronto parecía vital para mí que la supiera, por los mosqueteros, por mí, por él, por ese último beso.

Salí de mi casa de nuevo deteniéndome solo para agarrar las llaves, sabía que posiblemente debía dejar otra nota pero mi mente no pensó en ello, estaba solamente enfocada en Pedro y en decirle la verdad, toda la verdad.

Decirle las palabras, esas que siempre habían estado implícitas.

Corrí calle tras calle, al principio aun con las lágrimas saliendo de mi rostro, después quedando secas en mi piel, que se sentía tirante contra el viento. Me dolía el estómago al llegar frente a la casa de tía Clara. Dudaba que Lucas estuviera en la casa y no sabía si Pedro había elegido volver o seguiría fuera, pero no importaba, esperaría lo que fuera necesario.

Cuando se había planeado la cena, habíamos considerado que la tía Clara estaría en su clase de pintura hasta pasadas las nueve, eso dejaba tiempo suficiente para preparar los platos y la mesa, ahora me daba el tiempo suficiente para subir a la habitación de Pedro sin ser vista.

Abrí con mi propia llave sintiéndome por primera vez como una intrusa. Me pasé las manos por las mejillas antes de abrir la puerta de la habitación de Pepe, sabía cuál era de memoria, si hubiera estado poniendo atención me habría dado cuenta que la puerta estaba entreabierta y se escuchaba el sonido susurrante de sus movimientos, prueba inequívoca de que él estaba dentro.

Cuando el escuchó el sonido de la puerta al abrirse, sus ojos se fijaron en mí, ojos miel tan fríos, demasiado fríos.

Por un momento me quede atrapada en ellos y en el dolor detrás de esa gélido saludo por su parte, después me di cuenta que el hacia la valija.

-Pedro-, llamé pero él siguió como si nada, mis ojos volvieron a nublarse pero lo reprimí.

-Volví porque pensé que podía volver para descansar, para alejarme de todo, una zona de confort, porque pensé que esta era…mi familia-, dijo entre dientes sin mírame, sabía que lo había lastimado tan hondo que casi me di la vuelta y lo dejé tranquilo, solo para que pudiera olvidarse de mí, pero una parte pequeña en mi cabeza y aún más grande en mi corazón, me pedía que antes le dijera todo, que fuera sincera.

-Lo siento Pepe, no quise decir lo que dije-, comencé mientras él se reía amargamente.

-No entiendo Paula, estoy tratando de hacerlo pero no lo logro-, murmuró mientras yo daba un paso hacia él, se giró y extendió la mano deteniéndome, como si el que entrara en su habitación fuera demasiado. -El hombre que te gusta se besa con otro hombre, engañándote y vos… ¡lo defendes!-, reclamó entre dientes mientras yo daba otro paso, sin que el hiciera algo más.

-No me gusta Tiago, yo sabía que era gay, todos lo saben y Lucas…bueno supongo que yo lo intuía-, comencé mientras él me miraba comenzando a fruncir el ceño, aun tenso y dolido.

-¿Qué?

-Te mentí, no hay nadie que me guste viviendo en esta ciudad, pero si no inventaba algo vos me ibas a peguntar y te ibas a dar cuenta de la mentira, Santiago  y Lucas simplemente siguieron la farsa que yo inicié con el beso, aunque ahora me arrepiento por completo-, terminé limpiandome el rostro de nuevo. Pedro bajó la cabeza y miró su valija sobre la cama.

-Creí que no mentías-, dijo en voz baja, tan baja que supe que lo había perdido, un miedo helo mi piel, mis músculos y mis huesos, todo al mismo tiempo.

-Lo hice por vos, por vos-, estallé acercándome, sujetándome a su camiseta. -Inventé que me gustaba un chico para que no me doliera tanto que me contaras lo feliz que era tu vida lejos de aca, lejos de mí, para que no me doliera cuando me contaras de Cinthia o de otra, lo inventé porque te quiero y saber que vos jamás lo vas a hacer de la misma forma me estaba matando-, sollocé, mientras el sujetaba mis muñecas con fuerza, me miró un momento con los ojos cristalinos igualando la nubosidad de los míos antes de colocar su boca sobre la mía.

No era un beso tierno como el primero, ni suave y lento como el segundo, era un castigo y una rendición todo al mismo tiempo y sin divisiones.



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Bueno, doblete de domingo! :)
Espero que les guste!
Gracias por sus comentarios! :)
Finalmente, seran solo 11 capitulos... Asi que ya queda poco de esta novela!
Que tengan un lindo dia! :)

Siete

El fin de semana no me acerqué a la casa de tía Clara, no hablé con Santi y no contesté a dos llamadas de Lucas, agradecí que fuera el fin de semana “familiar”, solo una vez al mes mis padres descansaban un fin de semana y pasábamos el tiempo los tres juntos. No hubo ninguna urgencia en el hospital que les hiciera dejarme a solas y que me orillaran a ir donde Pedro.

No estaba preparada para verlo, no aun. No quería ver sus ojos y leer en ellos arrepentimiento o en el peor de los casos, leer en ellos resignación, aun cuando no se arrepintiera, no cambiaría nada.

Sabía que Pedro se iría, su única motivación era ser independiente, llegar a ser alguien y alejarse económica y emocionalmente de todos, lo sabía, el me lo había dicho y dolía aún más comprender que lo que yo sintiera por el no cambiaba nada.

El lunes, la escuela fue un hervidero de expectación, ya que todos comenzaban a hablar de las graduaciones, el baile, los exámenes finales, estábamos empezando las últimas tres semanas de clases. Debía ser una fecha importante, pero no lograba concéntrame el tiempo suficiente para entusiasmarme la idea de que pronto terminaría el instituto. En un tonto e inútil sueño, elegiría la misma universidad que Pedro y no lo dejaría escapar de nuevo.

Después de la escuela fui hasta la parada del micro con la firme intención de ir directo a mi casa, con suerte mamá y tía Clara no hablarían hasta varios días después y podría evitar mirarlo, aunque una parte de mi lo extrañara desesperadamente.

Era irónico sentir que lo había perdido cuando aún no se había ido.

Justo llegaba a casa cuando mi celular sonó. Decidí que ya había dado suficientes largas a Lucas.

-Dejame adivinar, ¿No vas a venir  hoy?-, preguntó a modo de saludo y yo cerré la puerta principal de la casa tras de mí y subí a mi habitación, dejé la mochila junto a la cama y me recosté.

-No-, murmuré.

-Paula-, replicó casi exasperado.

-Dejalo Lucas, dejenlo los dos, ni yo debí besar a Santiago ni ustedes debieron seguirme el juego, ni siquiera disfrute su visita, lo único que hice fue alejarlo más de mí y hacerlo sentir incomodo-, terminé mientras el sonido de estática me contestó por un momento.

-Él es un idiota….a veces vos también-, terminó haciéndome reír sin humor.

-Vaya, gracias, no todos tenemos tu suerte- le dije un poco molesta y envidiosa y odiándome por ello.

-Perdón-, dijimos casi al mismo tiempo, sonreí más sinceramente.

-Olvidemos a Pedro un momento, te invitamos a cenar, Santiago prepara todo-, explicó mientras yo negaba aun con una media sonría.

-¿Y dónde se supone que vamos a cenar, genio?-, pregunté

-En casa, sabes que a mamá le encanta la comida de Tiago -, explicó sencillamente

-No creo que sea buena idea que yo vaya, Pedro es capaz de decirle algo a tía Clara si piensa que Santiago está tratando de “quedar bien”-, repliqué

-Sería ridículo que Tiago llevara cena a mi casa en vez de a la tuya si quisiera quedar bien con vos o con tus papas, ¿no te parece?, además Pepe prácticamente estuvo  en su habitación todo este tiempo, seguro en cuanto vea que va a ser una cena con todos incluidos se disculpara con mamá y seguirá de ermitaño-, concluyó Lucas, esperó sin decir nada un momento. -Por favor-, dijo con voz infantil haciéndome reír.

Acepté aunque sabía que no tendría tanta suerte en que todo fuera tan sencillo, como que Pedro se fuera a su habitación, a fin y al cabo, aun cuando no lo viera o el me evitara deliberadamente el dolor de que él estuviera tan cerca y no poder acompañarlo seguía ahí, como ahora.


Hice mi tarea en tiempo record, me preparé un sándwich para tomar un refrigerio antes de la cena, me duché y salí de la casa justo cuando empezaba a atardecer. La distancia de mi casa a la de tía Clara  era de sus buenas 10 cuadras o más, así que esperaría a que Santiago y Lucas pasaran por mí en el parque. Quizás no había sido buena idea, ¿de verdad quería estar en el mismo lugar donde Pedro me había besado? Aun no podía sacarlo de mi cabeza, estar ahí ahora no era lo mejor.

Recordar y saber que quizás jamás podría volver a repetirse era más doloroso que nada que hubiera sentido antes. Este beso no era un hermoso recuerdo como el de mi cumpleaños hace varios años, había sido un beso con un tinte de tristeza, casi una despedida anticipada.

Me di cuenta que mis ojos comenzaban nublarse y parpadeé mientras miraba el parque con algunos niños todavía rondando. Me detuve a mirarlos un momento, escaneando todo el lugar, algo me decía que ya no me gustaría estar ahí, ya no podía volver a hamacarme sin pensar en él, en su beso.

Seguí caminando y miré el sedán de Santiago casi con una sonrisa antes de darme cuenta que Pedro estaba rodeándolo, golpeando la puerta del conductor, “mi enamorado ficticio” salió del auto erguido y tenso mientras Pedro trataba de sujetarlo de su camisa.

Estaba bastante lejos todavía para escuchar.

Santiago alejó sus manos pero no logró esquivar la piña de Pedro.

Parecía estar mirando una película, no podía moverme un cuando noté a Lucas salir del auto también y comenzar a gritarle a su primo, Pedro parecía no hacerle caso y volvió a empujar a Tiago contra el auto mientras este se recolocaba sus lentes. Pedro no deja de hablar o de reclamar, parecía demasiado furioso. Lucas trato de sujetar sus brazos pero Pedro lo empujó haciendo que Santiago diera un paso adelante y lo tomara ahora por su remera, el verlo a ambos sujetándose como si se odiaran pareció ser lo que mis pies necesitaban para moverse, llegué corriendo hasta ellos, pero Lucas no me permitió tocarlos, a ninguno de los dos.

-¿Te divertis jugado con las personas?, ¡Decime!, ¿Es divertido?-, decía Pedro mientras Tiago parecía decidir si seguir discutiendo o simplemente dejar que se calmara. Finalmente lo soltó.-Contestame Santiago-, gritó Pedro mientras este se subía al auto. - Sos un cobarde, no te vuelvas a acercar a ella, ¿escuchaste?, no vas a jugar con ella, no lo harás-, Pedro dio otro golpe a la puerta del conductor antes de que Tiago arrancara.

Quería tocarlo, calmarlo, preguntar qué pasaba pero no encontraba mi voz, ellos habían peleado al jugar, se habían molestado algunas veces, pero jamás habían parecido realmente molestos un con el otro. Cuando Pedro por fin se fijó en mí y después en Lucas detrás, este último pareció tensarse, las manos de Lucas en mis hombros estaban frías.

-¿Se lo decis vos o se lo digo yo?-, murmuró Pedro mientras yo fruncía el ceño.

-No tenes que decir nada, ¿ no  entendes?, no podes irte y vivir tu vida de universitario sin siquiera una vista en cuatro años y después regresar y creer que lo sabes todo, creer que puedes juzgarlo todo-, contestó Lucas con voz dura, algo que muy pocas veces era parte de él.

Algo fugaz y doloroso pasó por el rostro de Pedro pero después lo borró y me miró.