El fin de semana no me acerqué a la casa de tía Clara, no
hablé con Santi y no contesté a dos llamadas de Lucas, agradecí que fuera el
fin de semana “familiar”, solo una vez al mes mis padres descansaban un fin de
semana y pasábamos el tiempo los tres juntos. No hubo ninguna urgencia en el
hospital que les hiciera dejarme a solas y que me orillaran a ir donde Pedro.
No estaba preparada para verlo, no aun. No quería ver sus
ojos y leer en ellos arrepentimiento o en el peor de los casos, leer en ellos
resignación, aun cuando no se arrepintiera, no cambiaría nada.
Sabía que Pedro se iría, su única motivación era ser
independiente, llegar a ser alguien y alejarse económica y emocionalmente de
todos, lo sabía, el me lo había dicho y dolía aún más comprender que lo que yo
sintiera por el no cambiaba nada.
El lunes, la escuela fue un hervidero de expectación, ya
que todos comenzaban a hablar de las graduaciones, el baile, los exámenes
finales, estábamos empezando las últimas tres semanas de clases. Debía ser una
fecha importante, pero no lograba concéntrame el tiempo suficiente para
entusiasmarme la idea de que pronto terminaría el instituto. En un tonto e
inútil sueño, elegiría la misma universidad que Pedro y no lo dejaría escapar
de nuevo.
Después de la escuela fui hasta la parada del micro con
la firme intención de ir directo a mi casa, con suerte mamá y tía Clara no
hablarían hasta varios días después y podría evitar mirarlo, aunque una parte
de mi lo extrañara desesperadamente.
Era irónico sentir que lo había perdido cuando aún no se
había ido.
Justo llegaba a casa cuando mi celular sonó. Decidí que
ya había dado suficientes largas a Lucas.
-Dejame adivinar, ¿No vas a venir hoy?-, preguntó a modo de saludo y yo cerré
la puerta principal de la casa tras de mí y subí a mi habitación, dejé la
mochila junto a la cama y me recosté.
-No-, murmuré.
-Paula-,
replicó casi exasperado.
-Dejalo Lucas, dejenlo los dos, ni yo debí besar a Santiago
ni ustedes debieron seguirme el juego, ni siquiera disfrute su visita, lo único
que hice fue alejarlo más de mí y hacerlo sentir incomodo-,
terminé mientras el sonido de estática me contestó por un momento.
-Él es un idiota….a veces vos también-, terminó haciéndome reír sin humor.
-Vaya, gracias, no todos tenemos tu suerte-
le dije un poco molesta y envidiosa y odiándome por ello.
-Perdón-, dijimos casi al mismo
tiempo, sonreí más sinceramente.
-Olvidemos a Pedro un momento, te invitamos a
cenar, Santiago prepara todo-, explicó mientras yo negaba aun
con una media sonría.
-¿Y dónde se supone que vamos a cenar, genio?-, pregunté
-En casa, sabes que a mamá le encanta la comida de Tiago -, explicó sencillamente
-No creo que sea buena idea que yo vaya, Pedro es
capaz de decirle algo a tía Clara si piensa que Santiago está tratando de
“quedar bien”-, repliqué
-Sería ridículo que Tiago llevara cena a mi casa en
vez de a la tuya si quisiera quedar bien con vos o con tus papas, ¿no te parece?,
además Pepe prácticamente estuvo en su
habitación todo este tiempo, seguro en cuanto vea que va a ser una cena con todos
incluidos se disculpara con mamá y seguirá de ermitaño-,
concluyó Lucas, esperó sin decir nada un momento. -Por
favor-, dijo con voz infantil haciéndome reír.
Acepté aunque sabía que no tendría tanta suerte en que
todo fuera tan sencillo, como que Pedro se fuera a su habitación, a fin y al
cabo, aun cuando no lo viera o el me evitara deliberadamente el dolor de que él
estuviera tan cerca y no poder acompañarlo seguía ahí, como ahora.
Hice mi tarea en tiempo record, me preparé un sándwich
para tomar un refrigerio antes de la cena, me duché y salí de la casa justo
cuando empezaba a atardecer. La distancia de mi casa a la de tía Clara
era de sus buenas 10 cuadras o más, así que esperaría a que Santiago y Lucas
pasaran por mí en el parque. Quizás no había sido buena idea, ¿de verdad quería
estar en el mismo lugar donde Pedro me había besado? Aun no podía sacarlo de mi
cabeza, estar ahí ahora no era lo mejor.
Recordar y saber que quizás jamás podría volver a
repetirse era más doloroso que nada que hubiera sentido antes. Este beso no era
un hermoso recuerdo como el de mi cumpleaños hace varios años, había sido un
beso con un tinte de tristeza, casi una despedida anticipada.
Me di cuenta que mis ojos comenzaban nublarse y parpadeé
mientras miraba el parque con algunos niños todavía rondando. Me detuve a
mirarlos un momento, escaneando todo el lugar, algo me decía que ya no me
gustaría estar ahí, ya no podía volver a hamacarme sin pensar en él, en su
beso.
Seguí caminando y miré el sedán de Santiago casi con una
sonrisa antes de darme cuenta que Pedro estaba rodeándolo, golpeando la puerta
del conductor, “mi enamorado ficticio” salió del auto erguido y tenso mientras Pedro
trataba de sujetarlo de su camisa.
Estaba bastante lejos todavía para escuchar.
Santiago alejó sus manos pero no logró esquivar la piña
de Pedro.
Parecía estar mirando una película, no podía moverme un
cuando noté a Lucas salir del auto también y comenzar a gritarle a su primo, Pedro
parecía no hacerle caso y volvió a empujar a Tiago contra el auto mientras este
se recolocaba sus lentes. Pedro no deja de hablar o de reclamar, parecía
demasiado furioso. Lucas trato de sujetar sus brazos pero Pedro lo empujó
haciendo que Santiago diera un paso adelante y lo tomara ahora por su remera,
el verlo a ambos sujetándose como si se odiaran pareció ser lo que mis pies
necesitaban para moverse, llegué corriendo hasta ellos, pero Lucas no me
permitió tocarlos, a ninguno de los dos.
-¿Te divertis jugado con las personas?, ¡Decime!,
¿Es divertido?-, decía Pedro mientras Tiago parecía decidir si
seguir discutiendo o simplemente dejar que se calmara. Finalmente lo soltó.-Contestame
Santiago-, gritó Pedro mientras este se subía al auto. - Sos
un cobarde, no te vuelvas a acercar a ella, ¿escuchaste?, no vas a jugar con
ella, no lo harás-, Pedro dio otro golpe a la puerta del
conductor antes de que Tiago arrancara.
Quería tocarlo, calmarlo, preguntar qué pasaba pero no
encontraba mi voz, ellos habían peleado al jugar, se habían molestado algunas veces,
pero jamás habían parecido realmente molestos un con el otro. Cuando Pedro por
fin se fijó en mí y después en Lucas detrás, este último pareció tensarse, las
manos de Lucas en mis hombros estaban frías.
-¿Se lo decis vos o se lo digo yo?-, murmuró Pedro mientras yo fruncía el ceño.
-No tenes que decir nada, ¿ no entendes?, no podes irte y vivir tu vida de
universitario sin siquiera una vista en cuatro años y después regresar y creer
que lo sabes todo, creer que puedes juzgarlo todo-, contestó Lucas
con voz dura, algo que muy pocas veces era parte de él.
Algo fugaz y doloroso pasó por el rostro de Pedro pero
después lo borró y me miró.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario