domingo, 21 de julio de 2013

Siete

El fin de semana no me acerqué a la casa de tía Clara, no hablé con Santi y no contesté a dos llamadas de Lucas, agradecí que fuera el fin de semana “familiar”, solo una vez al mes mis padres descansaban un fin de semana y pasábamos el tiempo los tres juntos. No hubo ninguna urgencia en el hospital que les hiciera dejarme a solas y que me orillaran a ir donde Pedro.

No estaba preparada para verlo, no aun. No quería ver sus ojos y leer en ellos arrepentimiento o en el peor de los casos, leer en ellos resignación, aun cuando no se arrepintiera, no cambiaría nada.

Sabía que Pedro se iría, su única motivación era ser independiente, llegar a ser alguien y alejarse económica y emocionalmente de todos, lo sabía, el me lo había dicho y dolía aún más comprender que lo que yo sintiera por el no cambiaba nada.

El lunes, la escuela fue un hervidero de expectación, ya que todos comenzaban a hablar de las graduaciones, el baile, los exámenes finales, estábamos empezando las últimas tres semanas de clases. Debía ser una fecha importante, pero no lograba concéntrame el tiempo suficiente para entusiasmarme la idea de que pronto terminaría el instituto. En un tonto e inútil sueño, elegiría la misma universidad que Pedro y no lo dejaría escapar de nuevo.

Después de la escuela fui hasta la parada del micro con la firme intención de ir directo a mi casa, con suerte mamá y tía Clara no hablarían hasta varios días después y podría evitar mirarlo, aunque una parte de mi lo extrañara desesperadamente.

Era irónico sentir que lo había perdido cuando aún no se había ido.

Justo llegaba a casa cuando mi celular sonó. Decidí que ya había dado suficientes largas a Lucas.

-Dejame adivinar, ¿No vas a venir  hoy?-, preguntó a modo de saludo y yo cerré la puerta principal de la casa tras de mí y subí a mi habitación, dejé la mochila junto a la cama y me recosté.

-No-, murmuré.

-Paula-, replicó casi exasperado.

-Dejalo Lucas, dejenlo los dos, ni yo debí besar a Santiago ni ustedes debieron seguirme el juego, ni siquiera disfrute su visita, lo único que hice fue alejarlo más de mí y hacerlo sentir incomodo-, terminé mientras el sonido de estática me contestó por un momento.

-Él es un idiota….a veces vos también-, terminó haciéndome reír sin humor.

-Vaya, gracias, no todos tenemos tu suerte- le dije un poco molesta y envidiosa y odiándome por ello.

-Perdón-, dijimos casi al mismo tiempo, sonreí más sinceramente.

-Olvidemos a Pedro un momento, te invitamos a cenar, Santiago prepara todo-, explicó mientras yo negaba aun con una media sonría.

-¿Y dónde se supone que vamos a cenar, genio?-, pregunté

-En casa, sabes que a mamá le encanta la comida de Tiago -, explicó sencillamente

-No creo que sea buena idea que yo vaya, Pedro es capaz de decirle algo a tía Clara si piensa que Santiago está tratando de “quedar bien”-, repliqué

-Sería ridículo que Tiago llevara cena a mi casa en vez de a la tuya si quisiera quedar bien con vos o con tus papas, ¿no te parece?, además Pepe prácticamente estuvo  en su habitación todo este tiempo, seguro en cuanto vea que va a ser una cena con todos incluidos se disculpara con mamá y seguirá de ermitaño-, concluyó Lucas, esperó sin decir nada un momento. -Por favor-, dijo con voz infantil haciéndome reír.

Acepté aunque sabía que no tendría tanta suerte en que todo fuera tan sencillo, como que Pedro se fuera a su habitación, a fin y al cabo, aun cuando no lo viera o el me evitara deliberadamente el dolor de que él estuviera tan cerca y no poder acompañarlo seguía ahí, como ahora.


Hice mi tarea en tiempo record, me preparé un sándwich para tomar un refrigerio antes de la cena, me duché y salí de la casa justo cuando empezaba a atardecer. La distancia de mi casa a la de tía Clara  era de sus buenas 10 cuadras o más, así que esperaría a que Santiago y Lucas pasaran por mí en el parque. Quizás no había sido buena idea, ¿de verdad quería estar en el mismo lugar donde Pedro me había besado? Aun no podía sacarlo de mi cabeza, estar ahí ahora no era lo mejor.

Recordar y saber que quizás jamás podría volver a repetirse era más doloroso que nada que hubiera sentido antes. Este beso no era un hermoso recuerdo como el de mi cumpleaños hace varios años, había sido un beso con un tinte de tristeza, casi una despedida anticipada.

Me di cuenta que mis ojos comenzaban nublarse y parpadeé mientras miraba el parque con algunos niños todavía rondando. Me detuve a mirarlos un momento, escaneando todo el lugar, algo me decía que ya no me gustaría estar ahí, ya no podía volver a hamacarme sin pensar en él, en su beso.

Seguí caminando y miré el sedán de Santiago casi con una sonrisa antes de darme cuenta que Pedro estaba rodeándolo, golpeando la puerta del conductor, “mi enamorado ficticio” salió del auto erguido y tenso mientras Pedro trataba de sujetarlo de su camisa.

Estaba bastante lejos todavía para escuchar.

Santiago alejó sus manos pero no logró esquivar la piña de Pedro.

Parecía estar mirando una película, no podía moverme un cuando noté a Lucas salir del auto también y comenzar a gritarle a su primo, Pedro parecía no hacerle caso y volvió a empujar a Tiago contra el auto mientras este se recolocaba sus lentes. Pedro no deja de hablar o de reclamar, parecía demasiado furioso. Lucas trato de sujetar sus brazos pero Pedro lo empujó haciendo que Santiago diera un paso adelante y lo tomara ahora por su remera, el verlo a ambos sujetándose como si se odiaran pareció ser lo que mis pies necesitaban para moverse, llegué corriendo hasta ellos, pero Lucas no me permitió tocarlos, a ninguno de los dos.

-¿Te divertis jugado con las personas?, ¡Decime!, ¿Es divertido?-, decía Pedro mientras Tiago parecía decidir si seguir discutiendo o simplemente dejar que se calmara. Finalmente lo soltó.-Contestame Santiago-, gritó Pedro mientras este se subía al auto. - Sos un cobarde, no te vuelvas a acercar a ella, ¿escuchaste?, no vas a jugar con ella, no lo harás-, Pedro dio otro golpe a la puerta del conductor antes de que Tiago arrancara.

Quería tocarlo, calmarlo, preguntar qué pasaba pero no encontraba mi voz, ellos habían peleado al jugar, se habían molestado algunas veces, pero jamás habían parecido realmente molestos un con el otro. Cuando Pedro por fin se fijó en mí y después en Lucas detrás, este último pareció tensarse, las manos de Lucas en mis hombros estaban frías.

-¿Se lo decis vos o se lo digo yo?-, murmuró Pedro mientras yo fruncía el ceño.

-No tenes que decir nada, ¿ no  entendes?, no podes irte y vivir tu vida de universitario sin siquiera una vista en cuatro años y después regresar y creer que lo sabes todo, creer que puedes juzgarlo todo-, contestó Lucas con voz dura, algo que muy pocas veces era parte de él.

Algo fugaz y doloroso pasó por el rostro de Pedro pero después lo borró y me miró.





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