-¡Está comenzando!-, me gritó Lucas mientras yo
entrecerraba los ojos, miré mis manos aun enjabonadas con la espuma al lavar
los platos, me las enjuagué y terminé de secar mientras alzaba la voz en
respuesta.
-No estaría “empezando” si no le hubieras dado play-,
repliqué mientras el coro de carcajadas llegaba de la sala hasta la cocina.
Cuando entré en la habitación ellos ya estaban acomodados en
cada uno de los extremos del sofá, me quede parada un momento y sonreí.
Si me gustaran las redes sociales, subiría una foto conmigo
sentada entre los dos, Lucas y Santiago, seguro mi popularidad en el colegio subiría
drásticamente.
-Desencantada-, murmuró Santiago
mientras yo reía casi tontamente al darme cuenta que los había quedado mirando
un poco más de lo normal.
¿Qué podía hacer?, me gustaba verlos y no se trataba de nada más
que eso, no tenía sentimientos románticos por ninguno de los dos, daba gracia a
Dios por eso, con un enamoramiento en mi espalda era suficiente.
Negué con la cabeza para despejarme y me permití un último
vistazo antes de acomodarme entre los dos en el sofá.
La película comenzó pero por una extraña razón, ya que de verdad
tenía ganas de verla, no lograba concentrarme, mis ojos estaban fijos en la
pantalla pero no estaba entendiendo nada.
Mi mente comenzó a divagar.
¿Qué estaría haciendo él, en este precioso momento?
¿Nos recordaría?
¿Me recordaría?
¡Como odiaba estar tan infantilmente enamorada!
Pero suponía que no se podría evitar. Siempre había estado
alrededor de ellos, tres chicos mayores –solo por cuatro años-, “hermanos
adoptivos”, como mi mamá los llamaba o “dos guardaespaldas” y “un príncipe
inalcanzable”, como yo lo hacía.
Mamá había sido de esas chicas que había seguido la relación con
sus dos mejores amigas después del secundario.
A pesar de que los caminos de cada una tomaron un rumbo
distinto, siempre estuvieron en contacto, estuvieron las unas con las otras en
las buenas y en las malas.
Era casi inevitable que sus hijos llegaran a convivir juntos.
Fruncí el ceño al darme cuenta que en realidad Pedro no había
llegado de esa forma a mi vida.
Pepe había ido a vivir a la casa de sus tíos cuando sus papás
habían muerto en un accidente, tan trágico como sonaba. Aún recuerdo la
primera vez que lo vi, Lucas estaba muy emocionado con la idea de que su primo
viviera con él.
Yo tenía seis años cuando Pedro se mudó, él y Lucas tenían diez,
solo separados por un par de meses mientras que Santi acababa de cumplir once.
Al principio no fue fácil acercarse a él, Pedro era difícil de
tratar, estaba asustado y dolido, aunque a los seis me costaba aceptarlo.
No lo dejé en paz, me convertí prácticamente en su sombra, cosa
no muy difícil ya que la tía Meme, como le llamaba a la mamá de Lucas, me
cuidaba todas las tardes mientras mis papas trabajaban en el hospital, ambos doctores,
ambos siempre ocupados.
Poco a poco Pedro se fue acercando, a mí, a su primo y a Santi,
éramos prácticamente inseparables, los mosqueteros y el ratón, como los tres se
empeñaban en llamarme.
Pasé muchas tardes inolvidables jugando o tratando de hacer que
me dejaran jugar con ellos.
Pero aunque a veces todo el mundo lo desea, no podemos ser niños
por siempre.
Ellos crecieron, de estatura, de complexión, sus personalidades
cambiaron, entre ellos se comportaban diferente pero yo seguía siendo el ratón
a pesar que también empezaba a cambiar.
Me di cuenta que quería a Pedro más que a Lucas y Santiago
cuando cumplí los trece, si, aún era una mocosa, pero recuerdo la sensación de
sus labios en los míos.
El solo pensar que alguno de los otros dos me besara me daba
asco.
No fue un beso de amor, no había sido más que un roce, ahora
podía decirlo, creo que Pedro lo hizo sin pensar, a fin de cuentas, ¿qué podía
ver un chico de diecisiete en una nena de trece?
Lo acepté, pero los sentimientos en mi pecho nunca dejaron de
crecer, jamás.
Aun cuando el destruyó cada una de mis esperanzas sin darse
cuenta, a pesar de que lo miré irse sin un solo vistazo hacia atrás, a pesar de
que esperé que mantuviera el contacto pero sus mensajes o correos eran cada vez
más espaciados.
Yo sabía que tarde o temprano los mosqueteros se alejarían del
ratón, pero ¿por qué él había tenido que ser el primero?
Lucas había elegido estudiar en la universidad local, Santi
había viajado por un año y medio, pocos meses después de la graduación de la
escuela para hacer un curso de gastronomía, pero había vuelto.
Pedro, no.
Parpadeé al darme cuenta que en la televisión ya se desarrollaba
la escena en la cual los autos siempre explotan y los protagonistas esquivan
balas a diestra y siniestra.
Torcí un poco los labios y dejé de intentar tomar el hilo de la
historia, miré de reojo a Lucas y después a Santiago, ambos eran muy lindos,
pero yo siempre los consideré como hermanos, hubiera sido mucho más fácil si
también hubiera puesto a Pedro en el mismo paquete.
A pesar de que al ser primos Lucas y Pedro compartían la
estatura y los ojos casi del mismo color, nunca había sentido que mi piel
temblaba bajo la superficie cuando Lucas me tocaba.
Santi era quizás el más atractivo de los dos hombretones a mi
lado, más alto, más ancho de hombros, con el cabello castaño y los ojos verdes,
casi siempre llevaba lentes sin montura. Los quería a los tres, siempre
lo había hecho, pero amaba a Pedro y eso según como lo veía no iba a cambiar aun
después de que por fin me graduara del colegio y entrara a la universidad.
Tendría que convivir con esos sentimientos un poco más, a fin de
cuentas casi me había acostumbrado, había seguido con mi vida y me había
asegurado que Pedro jamás sintiera alguna obligación, que jamás llegara a
recordar ese beso hace tantos años y sintiera lastima por el ratón.
La película terminó poco después, Lucas puso el canal de música
y se fue por algo de comer a la cocina, como si no hubiéramos comido hace solo
unas horas, tía Meme no debía tardar en llegar de hacer las compras, alcanzaba
a esperarla y saludarla antes de ir a casa.
A pesar de que ya no necesitaba que me cuidaran después de la
escuela, estar en la casa de Lucas era casi indispensable para mí, aun no
quería perderlos, además según mis padres era mejor eso a estar sola.
Santiago tomó el control y se puso a pasar los canales mientras
yo guardaba el DVD de la película en la carpeta.
-¿Qué te pareció la historia?-, preguntó mientras yo lo miraba haciendo una mueca, él siempre se
daba cuenta de las cosas, bueno, casi siempre, nunca se dio cuenta que yo
babeaba cada vez que Pedro entraba en la habitación.
¡Gracias a Dios!
-¿En qué pensabas tanto?-, siguió mientras yo me sentaba de nuevo a su lado y me encogía de
hombros.
-Cosas-, le dije y él se rió un
poco mientras me tiraba un mechón de mi cabello.
De chica siempre parecía que llevaba varios días sin
desenredarlo aun cuando terminara de hacerlo, rizos esponjosos por todos lados,
después conocí las cremas para peinar y hace solo tres días me atreví a hacerme
un nuevo corte y alisado, tía Meme y mamá estaban encantadas, decían que por
fin explotaba todo mi potencial, un estilo desarreglado y “sensual” según sus
palabras.
La realidad es que me agradaba.
Le dio un manotazo a los dedos que habían sujetado el mechón y Santi
volvió a reír.
Tomé mi mochila del suelo y saqué uno de mis cuadernos para
terminar de hacer el reporte que había dejado a medias en el colegio.
Santiago volvió al televisor y se detuvo en una película o eso
creí, había un hombre llorando en la pantalla, era algo atrayente, una
verdadera buena actuación, te imaginabas mil escenarios diferentes.
-¿Un hombre puede llorar así?-, pregunté sin poder detenerme.
-No lo sé, pero que lo haga significa que es más
sincero con el mismo-, contestó
haciéndome fruncir el ceño y girar mi rostro para mirarlo.
El medio sonrió cuando cambio el canal.
-No nos sinceramos, nos gusta que todo sea simple y las mejores
cosas de la vida no lo son-, dijo y luego se rió mientras yo
lo seguía.
Santi era como mi Yoda particular.
A veces quisiera decirle lo que sentía por Pepe, todo lo que
había pensado a lo largo de los años. Me di cuenta que el timbre volvía a
sonar, la primera vez no me lo había escuchado, Lucas gritó que él iba mientras
Santi aún tenía una sonrisa bailando en sus labios cuando lo escuché…
-¡Pepe!-, el gritó de Lucas retumbo hasta
mis oídos, miles de pensamientos se agolparon en mi cabeza, mi corazón pareció
pegarse a mi espalda, me estremecí por completo, el aire se volvió frio, todo
en unos segundos.
Alcé mi vista y lo primeo que vi fueron los ojos de Santiago, el
me miraba algo confuso y también algo entusiasmado.
No me detuve a pensar, sabía que lo primero que haría Lucas
sería entrar con Pedro en la sala, solo actué, movida por demasiadas emociones
y quizás eso demostraba que aún seguía siendo una nena y ellos no, me acerqué y
tomé su rostro entre mis manos mientras besaba sus labios, los deje ahí,
sintiendo esa textura como si mi cuerpo no fuera mío.
Por puro reflejo Santiago puso una mano en mi espalda justo
antes de que Lucas entrara seguido por Pedro.
buenísimo,seguí subiendo...
ResponderBorrarmmmmmm..... ¿ella beso al otro pibe?confusion total es lo que refleja mi rotro en este momento, pero compro, subi el prox cap porfis....
ResponderBorrarPor que reacciono asi???? Me encanta la trama!!
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